viernes, 5 de agosto de 2011

Soy feliz.




Con los pies atados, liados
por tus trampas, consumo los pulsos,

completo los ciclos escritos, eternos.

Me doy cuenta de todo

aunque el escudo es opaco;

máscara de noble arte circense,

farandulero y cabaretero...

pero me doy cuenta de todo.

Llego a diferenciarte mientras tu peso hunde la arena fina, dulce y esteril

que te sostiene,

que me hace ser.


No tienes que pararte,

puedes seguir,

no me esperes más.

Al final caeré por tu mismo embudo,

cuello de cisne

hermoso pero estrecho.

No me quedará otra.

Me apena que pretendas

hacerme creer

que es por mi bien,

y es que no se, si es

que no lo concibo

o simplemente mi caracter montaraz

se agarra a la sinrazón

y no quiere ser sumiso

perro obediente

que corre al lado del amo

que le tira mendrugos.

Quizás por eso, ahora

que muero a tus pies,

ahora que muero

enfermo de otoño,

pienso que me engaño tu ceguera,

tu falta de espacio y perspectiva.

Puedo perdonarte, pero no olvidarte.

Me contagiaste con la peor de las plagas que puede absorver la piel de mi lógica:

Soy feliz.









1 comentario:

Anónimo dijo...

quien dice q hacer con el ser o los pasos q se han d han de dar, no es mas q uno mismo, si con ello asume felicidad en si mismo se ha de dar por buena la felicidad q con ello conlleva.
me gusto